El camino de Deisy Medina desde Luque hasta Notre Dame
Su interés por la astronomía la llevó a buscar oportunidades fuera de Paraguay. Hoy estudia dos carreras y participa en proyectos vinculados al sector aeroespacial.
Su interés por el espacio comenzó alrededor de los 14 años, cuando participó en olimpiadas nacionales e internacionales de astronomía. Actualmente, Deisy Fabiana Medina, oriunda de Luque, estudia Ingeniería Aeroespacial y Global Affairs en la Universidad de Notre Dame, en Estados Unidos.
Su camino comenzó con la búsqueda de oportunidades académicas fuera de Paraguay, debido al limitado desarrollo local de la industria aeroespacial y aeronáutica. Rusia fue su primera opción e incluso empezó a aprender el idioma, pero el inicio de la guerra con Ucrania la obligó a cambiar sus planes.
A partir de ese momento, comenzó a investigar universidades de Estados Unidos y encontró el programa de ingeniería de Notre Dame. En diciembre de 2024 recibió la noticia de su admisión.

“Fue uno de esos momentos en los que sentí que todo el esfuerzo de los años anteriores finalmente estaba dando resultados”, recordó.
Una postulación marcada por la competencia
Deisy había presentado solicitudes en cuatro universidades y ya había sido admitida en dos cuando recibió la respuesta de Notre Dame. Según explicó, cada año se postulan alrededor de 30.000 estudiantes y cerca de 10 de cada 100 son admitidos.
Uno de los principales desafíos fueron los ensayos requeridos durante la postulación. Además de aprender a redactarlos en inglés, tuvo que encontrar una manera de presentar su historia personal y académica.
“Lo más desafiante fue seguir intentándolo a pesar de la competencia, la incertidumbre y todas las veces en las que pensé que quizás era una meta demasiado difícil de alcanzar”, afirmó.
El aspecto económico también estuvo presente durante el proceso, debido al costo que representa estudiar en Estados Unidos como alumna internacional. Sin embargo, Deisy recibió una ayuda financiera que cubre aproximadamente 95% de sus gastos universitarios.
Actualmente vive dentro del campus y trabaja en la universidad, lo que le permite cubrir sus gastos personales.
Ingeniería y asuntos globales
Aunque Ingeniería Aeroespacial y Global Affairs pueden parecer áreas alejadas, Deisy considera que ambas formaciones se complementan.
“Detrás de un avión, un satélite o una misión espacial no hay solamente ingeniería; también hay políticas públicas, relaciones entre países, inversión, regulaciones y cooperación internacional”, explicó.
Su interés por la Ingeniería Aeroespacial surgió a partir de las olimpiadas de astronomía y de sus investigaciones sobre el espacio, los cohetes y la industria. La carrera le permite estudiar áreas como aerodinámica, sistemas de propulsión y vehículos espaciales.
Global Affairs apareció después de su llegada a Notre Dame. Antes de viajar a Estados Unidos, Deisy había trabajado durante varios años con niños de comunidades de escasos recursos en Paraguay. Esa experiencia despertó su interés por la educación y el desarrollo durante la primera infancia.
Este semestre participa en una clase enfocada en el desarrollo infantil y la reducción de la pobreza desde una perspectiva global. Dentro de esa asignatura trabaja con un proyecto implementado en comunidades de Zimbabue y Tanzania.
“Ingeniería Aeroespacial me da la formación técnica, mientras que Global Affairs aporta una perspectiva más humana y social”, señaló.
Adaptarse a otro sistema educativo
La admisión no representó el final de las dificultades. Al comenzar las clases, Deisy tuvo que adaptarse a un sistema educativo diferente y a un ritmo académico más acelerado.
Una de las primeras diferencias que identificó fue el calendario. Los estudiantes paraguayos terminan el colegio alrededor de noviembre, mientras que las clases universitarias en Estados Unidos comienzan en agosto. Esto significó que ella llevaba varios meses fuera del aula cuando inició su carrera.
A esto se sumó que numerosos estudiantes estadounidenses habían cursado asignaturas avanzadas durante la secundaria. Los programas universitarios parten de la base de que los alumnos ya poseen determinados conocimientos, por lo que los contenidos se desarrollan rápidamente.
“Recuerdo encontrarme con contenidos a los que quizás habíamos dedicado gran parte de un año escolar en Paraguay y ver que acá se repasaban en aproximadamente una semana”, contó.
También tuvo que acostumbrarse a estudiar y rendir evaluaciones completamente en inglés. La frecuencia de los exámenes y la cantidad de tareas la obligaron a modificar sus métodos de estudio y su forma de organizar el tiempo.
Durante el primer año llegó a preguntarse si había tomado la decisión correcta, especialmente cuando sentía que las clases avanzaban demasiado rápido o extrañaba su casa. Con el tiempo, logró adaptarse y desarrollar mayor independencia.
Recursos dentro y fuera del aula
Entre las diferencias que encontró respecto a la educación paraguaya, Deisy menciona el acceso a tecnología, investigación, acompañamiento académico y conexiones profesionales.
En Notre Dame, los estudiantes cuentan con consejeros que los ayudan a seleccionar asignaturas y planificar su carrera según sus objetivos. También pueden acudir directamente a los profesores fuera de clase para solicitar orientación.
“Los profesores están muy pendientes de cómo te está yendo y realmente hacen un esfuerzo por acompañarte. Aprender a pedir ayuda y aprovechar esos recursos también fue parte de mi adaptación”, expresó.
La experiencia universitaria también incluye clubes, proyectos, investigaciones, trabajos para estudiantes, voluntariados y programas de formación. Desde los primeros años, los alumnos son incentivados a buscar pasantías y explorar las posibilidades profesionales de sus respectivas carreras.
La universidad organiza ferias y encuentros con representantes de compañías como Boeing, Google y Microsoft. En estos espacios, los estudiantes pueden conversar con profesionales, realizar preguntas y establecer contactos.
“No creo que la diferencia pase por la capacidad de los estudiantes; en Paraguay hay jóvenes con muchísimo potencial. Lo que sí veo diferente es el acceso a recursos, tecnología, investigación, orientación y conexiones profesionales que permiten desarrollar ese potencial”, sostuvo.
La rutina detrás de la experiencia
La jornada de Deisy generalmente comienza alrededor de las 08:00. Sus días transcurren entre clases, tareas, proyectos, actividades extracurriculares y horas de estudio.
Dependiendo de su horario, también puede asistir a laboratorios de dos horas y media o tres horas para aplicar los contenidos desarrollados en clase. A estas responsabilidades se suman su trabajo en la universidad, los clubes y otros programas.
“Aprender a equilibrar todo con mi vida personal fue bastante difícil durante mi primer año, pero con el tiempo fui acostumbrándome al ritmo”, relató. En ese proceso, el Calendario de Google se convirtió, según ella, en su “mejor amigo”.
Gran parte de su tiempo transcurre entre las aulas y la biblioteca. Para descansar, suele caminar alrededor de los lagos del campus o sentarse al aire libre a escuchar música.
El invierno también implicó un cambio significativo. Después de crecer en Paraguay, tuvo que acostumbrarse a temperaturas que pueden rondar los 30 grados bajo cero, sin que las actividades universitarias se detengan.
Ser paraguaya en Notre Dame
Deisy calcula que hay alrededor de cinco estudiantes paraguayos en toda la universidad. En diferentes espacios es la única representante del país y, en ocasiones, se encuentra con personas que no saben dónde está Paraguay.
Ella aprovecha esos momentos para hablar de la cultura paraguaya. En el campus conserva su termo, la yerba y chipita piru, elementos que utiliza para explicar a sus compañeros qué son el tereré y el guaraní.
“Estar en espacios donde muchas veces soy la única paraguaya hizo que representar a Paraguay adquiriera otro significado para mí”, manifestó.
Más allá de las fotografías del campus, los partidos de fútbol americano o los eventos, asegura que existe una parte menos visible de su experiencia: las noches en la biblioteca, las tareas, los exámenes y el trabajo que requiere sostener su formación.

Investigación y un proyecto de la NASA
Desde sus primeros años en Notre Dame, Deisy pudo participar en investigaciones dentro del área de ingeniería. Durante el verano trabajó en un proyecto que le permitió aplicar fuera del aula los conocimientos adquiridos durante la carrera.
Además, integra una iniciativa vinculada con la competencia NASA Student Launch. Allí participa en el diseño y la construcción de un cohete que competirá con proyectos elaborados por equipos de otras universidades.
La experiencia se relaciona directamente con uno de sus objetivos profesionales: trabajar en la parte mecánica y el desarrollo de cohetes, especialmente en los sistemas que hacen posible su funcionamiento. También le gustaría participar en proyectos vinculados con misiones espaciales.
Otro de sus planes es formarse como piloto para conocer las aeronaves tanto desde la ingeniería como desde la perspectiva de quien las opera.
“La primera, pero no la única”
Deisy reconoce que la industria aeroespacial continúa siendo un sector con una presencia mayoritaria de hombres. Esta diferencia es todavía más visible en Paraguay.
De acuerdo con su experiencia personal, hasta el momento no encontró a otra mujer paraguaya que curse específicamente Ingeniería Aeroespacial como carrera de grado. Sí conoce a paraguayos que ingresaron al sector mediante maestrías, especializaciones o concentraciones académicas.
“Si realmente termino siendo la primera, me gustaría ser la primera, pero no la única”, afirmó.
Su objetivo es que otras jóvenes paraguayas puedan considerar esta carrera como una posibilidad. También espera que su experiencia contribuya a disminuir la percepción de que determinadas profesiones son demasiado lejanas o inaccesibles.
A largo plazo, proyecta llevar sus conocimientos y experiencia de regreso a Paraguay. Deisy observa que ya existen empresas nacionales que están comenzando a incursionar en los sectores aeronáutico y aeroespacial y le gustaría trabajar con ellas.
“Me gustaría que mi historia pudiera cerrar un poco ese círculo: haber salido para acceder a oportunidades que todavía son difíciles de encontrar en nuestro país y, algún día, regresar con conocimientos, experiencia y conexiones”, expresó.
Su consejo para otros estudiantes
Para los jóvenes paraguayos interesados en estudiar en el exterior, Deisy recomienda investigar las oportunidades disponibles antes de considerar que una universidad es inaccesible.
Explicó que algunas instituciones evalúan la situación económica de cada estudiante y pueden proporcionar ayudas que cubren una parte importante de los gastos de estudio y manutención. Por eso, aconseja no limitarse a observar el costo publicado en la página de una universidad.
También recomienda prepararse con anticipación para los exámenes estandarizados, especialmente en inglés y matemáticas, cuidar las calificaciones y fortalecer las materias necesarias para la carrera elegida.
A esto se suma la importancia de participar en clubes, voluntariados, actividades extracurriculares o proyectos relacionados con los intereses personales. Al redactar los ensayos de postulación, sugiere pedir orientación sin perder la propia identidad.
“Muchas veces uno mismo decide que algo está fuera de su alcance antes de siquiera intentarlo. Mi consejo sería prepararse todo lo posible, buscar oportunidades, pedir ayuda y animarse a dar ese primer paso”, concluyó.
