Estudiar y trabajar en Paraguay: el desafío de construir experiencia antes del título
Cada vez más jóvenes paraguayos combinan universidad y empleo para ganar experiencia, aunque eso implique sacrificar descanso, tiempo libre y enfrentar mayores niveles de exigencia.
Son las seis de la tarde cuando Sofía termina su jornada laboral. Mientras muchos aprovechan ese horario para descansar o reunirse con amigos, ella llega a su casa, revisa si tiene alguna tarea pendiente y poco tiempo después vuelve a salir, esta vez rumbo a la universidad.
Su rutina se repite de lunes a viernes. No hay demasiado espacio para improvisar. Si una tarea queda pendiente, procura terminarla el mismo día, aunque eso implique acostarse más tarde de lo previsto.
"El día que ya tengo una tarea pendiente la termino ese día aunque me quede hasta tarde", resume.
Como miles de jóvenes paraguayos, a sus 21 años aprendió que estudiar y trabajar al mismo tiempo exige mucho más que administrar una agenda. Requiere constancia, disciplina y la capacidad de sostener el ritmo incluso cuando el cansancio pesa más que la motivación.
"Tener los suficientes ánimos para poder afrontar cada día", responde cuando se le pregunta qué ha sido lo más difícil.
Su historia no es excepcional. Cada vez representa a más estudiantes universitarios que decidieron comenzar a construir experiencia profesional antes de obtener el título universitario.
Una realidad que ya forma parte de la juventud paraguaya
Los datos más recientes del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran la magnitud del fenómeno.
En Paraguay viven aproximadamente 1,5 millones de jóvenes de entre 15 y 29 años, equivalente al 25,4% de toda la población. La mayoría reside en zonas urbanas y cerca de seis de cada diez ya participa del mercado laboral.
Entre los jóvenes de 15 a 24 años, 51,6% asiste a una institución de enseñanza formal, mientras que la combinación entre estudio y empleo ya forma parte de la vida cotidiana para una proporción importante de esta población.
Durante una entrevista con Radio Ñandutí, el director del INE, Iván Ojeda, explicó que alrededor del 17% de los jóvenes estudia y trabaja al mismo tiempo, mientras que 47,8% solamente trabaja, 22% únicamente estudia y 12,5% ni estudia ni trabaja.
Además, cerca de 900.000 jóvenes se encuentran ocupados, principalmente en actividades relacionadas con comercio y servicios, sector que concentra alrededor del 67% del empleo juvenil.
Las cifras muestran que incorporarse al mercado laboral dejó de ser un paso reservado para después de la graduación. Para muchos estudiantes, ambas etapas transcurren en paralelo.
La experiencia comienza antes del diploma
La tendencia no es exclusiva de Paraguay.
En distintos mercados laborales, la experiencia práctica adquirió un peso creciente en los procesos de contratación, incluso para posiciones consideradas de nivel inicial.
Un análisis de LinkedIn Economic Graph, realizado sobre más de 3,8 millones de ofertas laborales, encontró que 35% de los puestos clasificados como "entry level" solicitaba al menos tres años de experiencia relevante, una situación que evidencia la creciente importancia de haber desarrollado experiencia antes de terminar los estudios universitarios.
Al mismo tiempo, otro análisis de LinkedIn concluyó que quienes realizan pasantías o experiencias laborales durante la universidad suelen conseguir su primer empleo con mayor rapidez y permanecer más tiempo dentro de las organizaciones que otros candidatos de nivel inicial.
Aunque estos estudios corresponden principalmente al mercado estadounidense y a investigaciones internacionales, ayudan a explicar una tendencia que también comienza a observarse en distintos países; los empleadores valoran cada vez más aquello que un candidato puede demostrar haber hecho, además de la formación académica.
No significa que el título universitario haya perdido valor. Significa que, en un mercado laboral más competitivo, la experiencia práctica empieza a convertirse en un complemento importante del aprendizaje en el aula.
Más que ingresos: construir un perfil profesional
Para Sofía, trabajar nunca fue únicamente una cuestión económica.
Su rutina implicó renunciar a salidas con amigos, cumpleaños, horas de sueño e incluso a pequeños gastos personales.
"Renuncié a salidas, cumpleaños, no poder dormir lo suficiente y no tener el suficiente dinero a veces para comprarme algo por gastar en la facultad", cuenta.
Sin embargo, esa experiencia también le permitió desarrollar habilidades que difícilmente aparecen en un programa académico.
Aprender a priorizar tareas, administrar el tiempo y responder bajo presión se convirtió en parte de su formación cotidiana mucho antes de recibir un diploma.
Y justamente esas competencias son las que hoy aparecen con mayor frecuencia entre las más buscadas por las empresas.
Un estudio elaborado por LinkedIn junto con la iniciativa Solutions for Youth Employment, basado en el análisis de cientos de miles de ofertas laborales y millones de perfiles de jóvenes profesionales de distintos países, concluyó que las organizaciones ya no evalúan únicamente conocimientos técnicos. También buscan habilidades como organización, comunicación, resolución de problemas, capacidad de adaptación y trabajo colaborativo.
En otras palabras, el mercado laboral comienza a valorar aquello que muchas veces se desarrolla fuera del aula.
Lo que ven las empresas
Para María Eugenia Pineda, jefa de Recursos Humanos de Apostala, la experiencia de un estudiante que trabaja transmite mucho más que la capacidad de cumplir un horario. Desde el proceso de selección, ese perfil suele reflejar características que las empresas consideran valiosas para el crecimiento profesional.
"En nuestra empresa valoramos la responsabilidad y las ganas de superación. Un estudiante que trabaja demuestra desde el día uno que tiene iniciativa, hambre de aprender y determinación para salir adelante. Nos indica que es alguien dispuesto a asumir retos y a dar lo mejor de sí para crecer tanto académica como profesionalmente", afirma.
Su visión coincide con una tendencia que también aparece en los estudios de LinkedIn Economic Graph. La plataforma sostiene que las empresas avanzan hacia procesos de contratación centrados en habilidades ("skills-first hiring"), donde la experiencia práctica y las competencias demostrables complementan la formación académica. En ese contexto, habilidades como la organización, la comunicación, la resolución de problemas y la adaptabilidad adquieren un peso creciente en los perfiles de nivel inicial.
Para Pineda, esas competencias suelen desarrollarse precisamente cuando un joven enfrenta el desafío de equilibrar empleo y universidad.
"Quien equilibra ambas facetas fortalece exponencialmente la responsabilidad y la diligencia. Desarrolla una capacidad sobresaliente para administrar su tiempo, priorizar tareas, trabajar bajo presión y resolver problemas con agilidad y enfoque. Son habilidades clave que no siempre se aprenden en un aula, sino en la práctica diaria", explica.
En otras palabras, el trabajo deja de ser únicamente una fuente de ingresos para convertirse también en un espacio de aprendizaje.
La otra cara del esfuerzo
Sin embargo, construir experiencia profesional antes de graduarse también tiene un costo.
Detrás de los currículums con experiencia laboral aparecen jornadas que muchas veces comienzan temprano en la mañana y terminan cerca de la medianoche, con poco tiempo para descansar, hacer actividad física o compartir con familiares y amigos.
La historia de Sofía refleja esa realidad.
Dormir menos, renunciar a encuentros sociales y organizar cada hora del día forman parte de un esfuerzo que pocas veces aparece en una hoja de vida.
La investigación académica identifica este fenómeno como burnout académico o student burnout, un estado de agotamiento físico, cognitivo y emocional que puede aparecer cuando las demandas académicas superan los recursos personales y sociales del estudiante. El síndrome se caracteriza por cansancio persistente, pérdida de interés por los estudios y sensación de baja eficacia académica.
Los autores del libro Burnout académico y salud mental en la educación superior: retos y estrategias preventivas explican que este desgaste no surge de un único examen o de una semana particularmente intensa, sino de la exposición prolongada a exigencias que terminan superando la capacidad de afrontamiento del estudiante. También advierten que puede afectar la motivación, la concentración y derivar en problemas de salud mental como ansiedad, depresión o desinterés generalizado.
En ese sentido, estudiar y trabajar representa un equilibrio permanente: mientras la experiencia profesional fortalece el perfil laboral, la acumulación de responsabilidades también incrementa el riesgo de desgaste si no existen espacios de descanso y apoyo.
Cuando la empresa también aprende
La flexibilidad laboral se convierte entonces en un factor determinante.
Pineda sostiene que las organizaciones también tienen un papel en ese equilibrio.
"En nuestro caso, la flexibilidad es total para quienes estudian. Creemos que la educación es la base del desarrollo personal y profesional. Por eso apoyamos a nuestro equipo adaptando horarios y brindando las facilidades necesarias para que puedan cumplir con sus exámenes, clases y compromisos universitarios sin descuidar su trabajo", comenta.
Este tipo de medidas coincide con lo que plantea el modelo de Demandas y Recursos (Job Demands–Resources), uno de los principales enfoques utilizados para explicar el burnout. Según este modelo, el desgaste aparece cuando las demandas superan los recursos disponibles, mientras que el apoyo institucional, la autonomía y el reconocimiento funcionan como factores protectores que favorecen el bienestar.
Aunque ese modelo fue desarrollado para explicar el entorno laboral, posteriormente fue adaptado al ámbito universitario para comprender cómo el apoyo de instituciones educativas y empleadores puede reducir el riesgo de agotamiento entre estudiantes.
Más allá del primer empleo
La transición entre la universidad y el mercado laboral atraviesa cambios en distintos países.
La guía para graduados publicada por LinkedIn en 2026 señala que acceder al primer empleo resulta cada vez más competitivo. Entre los jóvenes de la Generación Z consultados, 44% identificó la falta de una red de contactos como una de las principales barreras para conseguir trabajo. Al mismo tiempo, un número creciente desarrolla proyectos personales, realiza pasantías o emprende actividades paralelas para demostrar habilidades antes de graduarse.
Aunque esos datos corresponden a otro contexto, reflejan una tendencia que dialoga con la realidad paraguaya: cada vez más estudiantes buscan llegar al final de la carrera con algo más que un título.
Un esfuerzo que empieza mucho antes de la graduación
Para Sofía, el desafío todavía continúa.
Cada mañana vuelve a salir rumbo al trabajo. Cada tarde cambia el escritorio de la oficina por el aula. Cada noche revisa tareas antes de dormir.
No sabe exactamente cómo será su primer empleo después de graduarse porque, en cierto modo, ya empezó a construirlo.
Su historia resume la realidad de miles de jóvenes paraguayos que hoy transitan dos caminos al mismo tiempo. Mientras la universidad les brinda conocimientos, el trabajo les permite desarrollar habilidades que las empresas dicen valorar cada vez más.
La combinación puede abrir puertas profesionales, pero también exige un equilibrio delicado entre las responsabilidades académicas, el empleo y el bienestar personal.
En un mercado laboral donde la experiencia gana protagonismo desde etapas tempranas, el verdadero desafío ya no consiste únicamente en obtener un título universitario. También pasa por aprender a crecer profesionalmente sin dejar de cuidar la salud física y emocional durante el camino.
