¿Mensajes por paloma? La Gen Z abraza una nueva tendencia contra la hiperconexión
Dos aplicaciones convierten la espera en parte de la experiencia y ganan terreno entre usuarios que buscan escapar de la comunicación instantánea.
Enviar un mensaje y esperar horas para recibirlo parece ir en dirección contraria a todo lo que ofrecen WhatsApp, Instagram o Telegram. Sin embargo, dos nuevas aplicaciones están ganando usuarios precisamente por hacer que la comunicación digital sea más lenta.
Carrier Pidge y Roost apuestan por el concepto de slow tech: en lugar de entregar los mensajes inmediatamente, utilizan animales virtuales que “viajan” hasta el destinatario. Ambas aplicaciones fueron lanzadas en abril y su crecimiento coincide con una tendencia entre usuarios jóvenes que busca reducir la hiperconexión y recuperar cierta fricción en la vida digital, según reportaron The New York Times.
Carrier Pidge: mensajes enviados por una paloma virtual
Carrier Pidge convierte cada mensaje en una especie de carta digital transportada por una paloma. El animal virtual puede desplazarse a una velocidad de hasta 110 millas por hora, por lo que el tiempo de entrega depende de la distancia entre las personas.
El propio desarrollador de la aplicación tardó casi nueve horas en enviar su primer mensaje desde Nueva York hasta un amigo ubicado en Chicago.
La aplicación lleva la simulación un poco más lejos: existe una probabilidad de 0,2 % de que la paloma muera o se pierda durante el trayecto y, por lo tanto, el mensaje no llegue a destino.
Carrier Pidge informó que ya superó los 75.000 usuarios desde su lanzamiento en abril.
Roost lleva la idea todavía más lejos
Roost utiliza una lógica similar, pero permite seleccionar entre alrededor de 1.000 animales para transportar los mensajes. La velocidad de entrega cambia dependiendo del animal elegido.
Entre las opciones aparece un caracol que se desplaza virtualmente a una milla por hora. Esto significa que incluso un mensaje corto puede tardar considerablemente en llegar.
La propuesta ha conseguido una mayor escala: Roost informó este mes que alcanzó 650.000 descargas, apenas cuatro meses después de su lanzamiento.
Aunque estas aplicaciones presentan el concepto con una estética que recuerda a juegos y dispositivos como Tamagotchi, la idea de retrasar deliberadamente la comunicación digital no es completamente nueva.
Slowly, una aplicación para encontrar amigos por correspondencia digital que funciona desde 2017, ya supera los 10 millones de usuarios a nivel global.
¿Por qué alguien querría que sus mensajes sean más lentos?
La popularidad de estas aplicaciones aparece en un contexto marcado por las notificaciones constantes y la expectativa de responder prácticamente en tiempo real.
“Algunas cosas son mejores cuando son peores”, explicó un usuario de Carrier Pidge a The New York Times, en referencia a una tecnología que deliberadamente elimina parte de la eficiencia que caracteriza a las plataformas actuales.
La lógica se relaciona con un fenómeno denominado friction-maxxing, que propone introducir obstáculos intencionales en actividades que la tecnología hizo extremadamente rápidas o sencillas.
En lugar de optimizar cada acción, la idea es recuperar la espera, limitar ciertas comodidades digitales y reducir la necesidad de permanecer conectado permanentemente.
Del smartphone a los “dumb phones”
Carrier Pidge y Roost forman parte de un movimiento más amplio. Las generaciones jóvenes también han mostrado interés por los denominados dumb phones, teléfonos con funciones básicas que eliminan buena parte de las aplicaciones y distracciones presentes en los smartphones.
También han surgido dispositivos como Brick, diseñados para bloquear temporalmente determinadas aplicaciones y dificultar el acceso automático a redes sociales.
La tendencia plantea una paradoja: después de años de desarrollo tecnológico enfocado en eliminar tiempos de espera, algunos usuarios ahora buscan herramientas que vuelvan a incorporarlos.
Carrier Pidge y Roost llevan esa idea directamente a una de las actividades más cotidianas del smartphone. En estas aplicaciones, mandar un mensaje sigue tomando segundos; recibirlo puede volver a tomar horas.
